Lo hemos leído en la revista Vanity Fair y todavía no damos crédito. El padre de Amy, Mitch Winehouse, ha escrito un libro, Amy, my daughter y ha dado una entrevista a la prestigiosa publicación. El reportaje comienza con una conversación con Shaker, propietario de Jazz After Dark, uno de los sitios donde tocaba la cantante y confiesa lo siguiente: “Le encantaba comer tortilla de patatas del Mercadona, que yo traía cuando volvía de mi casa en la costa española”. ¡Ahí queda eso!
Pero más allá de las preferencias gastronómicas de la cantante, su padre en este artículo desvela los motivos por los que su hija se enganchó a los estupefacientes: ”Siempre había rechazado las drogas duras pero se enamoró de Blake. Si él hubiera sido un montañero o un paracaidista, ella hubiera escalado montañas o se hubiera lanzado en paracaídas. La cuestión es que él era un drogadicto”.
También reconoce lo siguiente: “Los últimos 18 meses de la vida de mi hija fueron los más felices. Hablaba de casarse y formar una familia”. Los sueños de Amy, pese a estos planes, se vieron truncados: El 23 de julio de 2011 amaneció muerta en su casa de Candemtown. Aún nos queda la mejor parte de ella: su música.






























